Motormusica / Kapanga

Motormusica es, sin dudas, un disco singular. No sólo porque se trata del noveno de estudio de esta banda con veinte años de trayectoria en la escena de rock local, sino porque es el primero gestado en forma totalmente independiente, con la producción de Miguel “Maikel” de Luna Campos y de Martín "El Chávez" Méndez (excepto Mis amigos).

Con doce temas, este trabajo tiene mucha marca registrada, pero también mucha novedad. Con sus tonos pop pegadizos, el dueto de voces entre Martín “El Mono” Fabio y “Maikel”, y los teclados de Mariano “El Príncipe” Arjones, Motormusica se enfila dentro de aquéllas que llevan, definitivamente, el sello SOK. Escuchándolo en casa, uno imagina rápidamente al cantante bailándolo por cualquier escenario. Es que lleva esa impronta bien recitalera y contundente con una letra que acompaña: “El motor pide agua; la cabeza, música”.

Dentro de este mismo grupo, también se pueden ubicar Es lo mismo, que empieza a puro riff a cargo de “Maikel”, pero continúa con ese cuarteto que, por momentos, deviene rock, para luego pasar al heavy y, finalmente, explotar en fiesta en la voz de “El Mono”; El arte de mentir, que lleva la típica impronta kapanguera, tan única e inconfundible, y que se podría definir, casi, como una fórmula propia, comprobada e inimitable; y, por último, Gauchito Gil. Mucho se sabe de la admiración y el cariño de la banda hacia esta figura popular: se han cansado de nombrarlo en recitales. Entonces, deviene una canción totalmente natural en la biografía discográfica de Kapanga que, además, juega una pequeña constelación con Caballero Rojo (A quince centímetros de la realidad, 1998) en sus tonos rápidos y furiosos.

El resto de los temas son novedad y variantes, cada una en su forma, de esa receta que Kapanga tiene certificada hace años. En Bajo el árbol ofrecen una mezcla de ranchera y reggae, donde el acordeón y una impronta de viaje veraniego y caluroso permite llevar la imaginación hacia algún paisaje litoraleño. A Descarte no le quedaría chico definirlo como uno de los mejores temas del álbum: su producto resulta totalmente interesante. Por si fuese poco con el funk melodioso en la voz de “Maikel” y las perlitas de arreglos en teclado excelentes por parte de “El Príncipe”, se le suma, en una sección, el dueto en voces de hip-hop de los jóvenes y ascendentes Guido Ruggiero y Tomás Bacigaluppi, cantantes y DJ´s de Lo´ Pibitos. Frescura, musicalidad envolvente, un puente entre la consagración y la irreverencia pistera actual. Como bien dice el estribillo de la canción, puede decirse que inventaron “una puerta para imaginar, una ola sonora (…) un atajo para ir a mirar, como pasan las horas”.

Las voces amigas elegidas para Juntos y Cemento (for Mario) parecen haberles encajado perfecto a ambas. En la primera, bien rockera, “Pity” Fernández (Las Pastillas del Abuelo) aporta una segunda voz que suma gravedad y firmeza; mientras que en la segunda, el incansable Fernando Ruiz Díaz (Catupecu Machu) contribuye con distorsión a esa historia punk en clave homenaje heroico: es 2 de abril y no saben su nombre. Ambos tiros fueron tan acertados que permite remitir a la excelente puntería que tuvieron en la recordada Demasiado, en la que invitaron a Ricardo Mollo (Un asado en Abbey Road, 1999).

Por su parte, Tika Tika Dance y Tango driver son las más dance-disco de todo el álbum. La primera, con coros de Ivonne Guzmán (voz de La Delio Váldez) y de la hija de Maikel (Ernestina), es una versión kapanguera pop alocada, con mucha luz de boliche y sensualidad, con la misma tónica de El bailarín asesino (Operación rebenque, 2000), aunque la supera. La otra lleva bien puesto su número porque es, sencillamente, un diez. Un tango electrónico que “El Mono” definió como “una onda Bajofondo, pero más deforme”. Es que lleva la dosis de clásico y vanguardia en su punto justo: por un lado, su costado más ciudadano de la mano de una letra melancólica como “Te lo juro por mi sombra” que, además, es interpretada con la justa pasión por parte del cantante; y, por el otro, ese toque moderno tecno que está bien moldeado en la sonoridad. Una combinación que se refleja perfectamente en la frase: galácticos suburbios cruzaré.

Y para el final, las dos joyitas del disco. Mis amigos es el segundo corte que, además de estar producido por Martín “Moska” Lorenzo (Los Auténticos Decadentes), cuenta con la participación de la mayoría de los decadentes (Cucho Parisi y Jorge Serrano en voces, Guillermo Eijo en trompeta, Daniel Zimbello en trombón, Pablo Rodríguez en saxo y Moska en la percu). Una gran comida entre amigos, en una mesa larga donde desfilan muchos de los músicos invitados y otros con quienes Kapanga fue compartiendo camino durante estos veinte años, son las imágenes que muestra el videoclip oficial (estrenado recientemente) y que condensa muy bien el espíritu de la canción. La celebración entre amigos, tópico ya visitado por Kapanga en Locos (Está!, 2004), va más allá esta vez porque visibiliza, además, el hilo conductor de la música fiestera que va de los Decadentes hasta Kapanga y que, por las imágenes del videoclip, crece y se diversifica.

En muchos de sus trabajos, Kapanga se guarda algo disparatado y divertido para el último tema que, en algunos casos, se sale de contexto. Y en esta ocasión no es la excepción. La última perlita es SPM y, según la autodenominó el propio Fabio, es una “chaca-mariachi” (chacarera mezclada con mariachi), donde incorporan a Camilo Carabajal en el bombo legüero y al “Pollo” de Las Pelotas en trompeta. Es una despedida estridente, folclórica, feliz y triste a la vez que repite, una y otra vez: siempre me pasa lo mismo.

Y, tal vez, ése sea el justo mensaje final para Motormusica. Porque aquél que vivió de festival en festival escuchándolos, bailándolos y siguiéndolos en estos nueve discos y veinte años, es imposible que, cada vez que escuche un nuevo álbum kapanguero, no le pase, siempre, lo mismo.

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