Que se alcen las persianas de la vidriera más federal del rock

El puntapié inicial de la 17° edición festival cordobés fue sin lluvia, para que alrededor de 20 mil personas pudieran disfrutar de una gran velada con muchísimo, pero muchísimo rock.

Sábado 25 de febrero / Aeródromo Santa María de Punilla - Los manijeros que hacía tres meses esperaban la llegada del último fin de semana de febrero, fueron apareciendo desde temprano para vivir el Cosquín Rock: desde las 14 horas, el público ya ingresaba para disfrutar de todas las atracciones ofrecidas en esta nueva edición, entre ellas una peluquería de rock; restaurantes y foodtrucks gourmet, tragos y comidas variadas (para celíacos y vegetarianos inclusive, ¡punto para la organización!), el Patio Cervecero, un circuito para ciclistas BMX, atracciones circenses al aire libre con acróbatas y equilibristas; local de tatuajes; menrchandising y más.

Un rato después de la apertura, los escenarios ya estaban en marcha. Para esta edición debutó un nuevo escenario, llamado Carlos Tortola (en homenaje al reconocido productor de la escena rockero heavy metalera, fallecido el pasado 9 de Enero 2017) y fue variando su estilo día a día. Primero fue turno del punk. Primero pasaron Radiales, Eterno novato, La Danza, Monos en Bolas, Tamadre, Oil, Shor y Cabeza Hueca. Todos alternando temas propios y covers clásicos del punk (Ramones, The Clash, The Stooges, Sex Pistols). Hasta que, a las 21 horas, llegaron a los puntos fuertes de la noche: la banda de culto (lleva veinte años de trayectoria) Ceremonia; los cordobeses de Astenia (viejos amigos del Cosquin Rock, ya que están presentes desde su debut, en 2005); los experimentados Expulsados; y Bulldog, que cerró el escenario con un show parejo, preciso, ajustado y potente. Contundente.

Otra novedad en el CR17 fue la inauguración de La Casita del Blues, inspirada en el Front Porch Stage, escenario del Mississippi Delta Blues (una antigua casa prefabricada, como se usaba en la década de 1930). La primera jornada contó con la apertura de Nico Bereciartúa (ex Viticus) en su faceta solista, acompañado de muy buenos músicos, ante un público dichoso del buen sonido logrado; siguió Fernando Ormeño, representante local del estilo, blusero como los de antes; luego fue la presentación de Ivan Singh, otro talento cordobés que se presentó con su proyecto solista (toca en la banda de Miguel Botafogo Vilanova, y junto al actor Rodrigo Guirao Díaz en Crossroads) y también con el armoniquista Omar Coleman. Por un rato, todos fuimos negros del Mississippi.

Sobre la misma ladera del predio, más arriba se entraba el Quilmes Garage, escenario ecléctico, con exponentes del rock de Córdoba, montado dentro de uno de los hangares del aeródromo. Allí, a partir de las 16 horas, se escucharon bandas emergentes como Rocket, La Flora Bartola, Lord Inmigrant, Cristales, Ardid, Las Frases de Samuel, Que Bien Que Te Queda y Nostica. Uno de los puntos fuertes de la primera noche de este sector fue Los Navarros, agrupación cordobesa de culto que se formó en 1991 y recientemente se volvió a reunir. Sonó poderosísima. Siguieron Alvacío, Santa Kim, Cith y Eterna Agonía, que fueron mutando el ambiente hacia un clima más festivo de funk & soul. Pasada la medianoche, luego de que culminara el show de los funkeros cordobeses de The Reverend Sons Of, se dio inicio a la fiesta Cuetillo, para que le creciera el afro a todos. En este marco, se presentó el señor de la elegancia Mr. Willy Crook, quien repasó varios clásicos de los Funky Torinos, para el goce de los presentes.

El Temático fue dedicado al heavy. El primero en detonar el escenario fue El Buen Salvaje; luego actuarían muchos exponentes del ambiente rockero pesado de la escena: Pésame, los viscerales Los Antiguos, Plan 4 y La Naranja (set demoledor junto a Boff, ex guitarrista rítmico de Riff). Alrededor de las 19 horas tocó Lovorne, la banda de Luciano Napolitano homenajeó a su padre junto a invitados y amigos, justo cuando se cumplían doce años de su trágico fallecimiento. Viva Pappo.

El tributo continuó con Viticus, mientras la imagen del Carpo se multiplicaba en las remeras del público y pantallas. La banda de Vitico Bereciartúa repasó parte de su repertorio y enardeció a la tribu con No obstante lo cual, Macadam y El forastero.

Luego comenzaría el pasaje más pesado. Cerca de las 21 subió al escenario Horcas, con un Walter Meza comprometido con la causa de la huelga de maestros: “Por trabajo, educación y nuestra dignidad...¡resistan!”, agitó a viva voz. Repasando poderosos clásicos de su discografía, y algunos covers, mantuvo en ebullición a la gente para lo que vendría.

Pisando fuerte, Carajo salió a desplegar su poderío: Corvata rugía visceral y, junto a sus coequipers Tery Langer y Andrés Vilanova, formaron un muro de choque impactante. Tanto público propio, como quienes los veían por primera vez, armaron uno de los pogos más candentes de la velada. El poderoso y sensible sonido de su música, fue complementado desde las pantallas con proyecciones apocalípticas. Buen show, cortito y al estómago, para sacarse toda la mierda del espíritu.

Ya con las tablas bien calientes, salió a escena el speed metal del trío canadiense Exciter, que en el marco de su gira sudamericana se presentó ante unas 4000 personas, aunque fallido fue su show, ya que debieron terminarlo al cuarto tema por problemas de sonido en la instrumentación de su guitarrista. Una lástima.

Para el cierre quedó el espíritu combativo de Malón. Luego de clásicos como Mendigos, Gatillo fácil y Cancha de lodo, hubo un estallido en el pecho de los presentes: el cuarteto tocó un cover de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: el siempre vigente Vencedores vencidos, que generó que hasta las sierras poguearan. Luego de repasar varios clásicos (entre ellos Si se calla el cantor, versión de Hermética, en guiño homenaje al folclorista Horacio Guarany, recientemente fallecido), Claudio Pato Strunz, Antonio Romano, Karlos Cuadrado y Claudio O’Connor se retiraron con los últimos covers de Hermética: Tu eres su seguridad y Soy de la esquina. Arrolladora primera velada del escenario temático.

Desde hace un par de ediciones, Cosquin Rock cuenta con una carpa de circo: el Espacio Alternativo, donde se suceden artistas y experiencias performáticas variopintas. Esta vez, Los Pericos celebraron su 30° aniversario los tres días. Durante alrededor de una hora, los músicos ofrecieron un viaje al pasado para recorrer clásicos de todas sus épocas. Las perlas del show fueron contar con José Palazzo en bajo en Corazón de bruja, Salta La Banca en Eu vi chegar, El Bordo en Home Sweet Home y Carajo en Sin Cadenas. Todas las fechas también contaron con el cierre del Circo del Horror, un colectivo músico teatral de Capital Federal, que lleva algunos años ofreciendo una propuesta distinta e inédita en el circuito porteño: músicos y actores se unen en una performance terrorífica para relatar una historia, ante el asombro de los espectadores. Durante la jornada también se había proyectado el documental de producción chilena Cachai Cosquín, el stand up de Alejandro Orlando y Roberto Petinatto con su Petinatto Café Concert. Varieté Cosquín Rock, que demuestra que en el festival no es todo rock & roll.

Otra novedad fue el escenario Ceremonia Geiser, con Juanse y otros artistas (Coche, Viva Elástico, el ex San Camaleón Fede Cabral, Huevo, Místicos y JMP DJ) por fecha que tocaron temas propios y covers de Ratones Paranoicos, reviviendo la mística de los precursores del rock Stone local. En la formación que acompaña al cantante y guitarrista se destaca la participación del mítico violero de Fun People, Gori Gore. El tema elegido para abrir el show fue Ceremonia y la fiesta no se hizo esperar. No faltaron las parejas que se animaron a tirar unos pasos al fondo del pogo, al ritmo de clásicos como Cowboy, Sucia Estrella, Rainbow y Enlace. La actividad había arrancado a las 16:30 horas con la proyección del documental Geiser: llegando las sierras.

El Escenario Principal albergó hordas rockeras, sedientas de distorsión, durante la tarde, noche y trasnoche. El primero en subir a ese monstruo de 50 metros de envergadura fue, cerca de las 14:30 horas, Revanchistas mientras un sol plomizo de 35°C pegaba de lleno a los pocos asistentes que empezaban a acomodarse. Media hora después siguió la salteña Perro Ciego, que lleva tiene varias ediciones del festival en su haber, cosechando muchos fanáticos locales. Continuó Coverheads, con su potente oferta de covers clásicos del rock internacional. Después se concretó el debut en los escenarios serranos de Barrio Viejo Blues, la banda del ex futbolista Daniel Osvaldo, quien abandonó Boca para devenirse en cantante de rock. El rocanrol siguió con Ojos Locos, que generó el primer gran agite del escenario principal. Los músicos de Villa Real contaron con fanáticos que ingresaron especialmente al horario pactado para verlos tocar.

Un rato más tarde, El Bordo prolongó el agite. El set arrancó con Existir, primer corte difusión de su última placa Hermanos (2014), siguió con el clásico En la vereda, Instinto, Cansado de ser, La banda, el potente Corazones olvidados (adelanto de su próximo disco El refugio, que saldrá el 17 de este mes), Lejos, Soñando despierto, y finalizó con El regreso. El quinteto brindó un show parejo, directo, para adelante, intercalando temas viejos y temas nuevos, pero muy arriba, palo y palo. Y las banderas seguían multiplicándose por todo el campo.

Mientras las banderas se multiplicaban en el campo, apareció Salta La Banca, liderada por Santiago Aysine con su garganta descarnada y mucho agiteSLB es, desde siempre, una banda arraigada al compromiso social y la lucha contra las injusticias, desde sus letras, o su postura política cuando son entrevistados. Y en el CR17 el líder dijo antes de : "Lo que viene a continuación, se lo queremos dedicar a todos los docentes. ¡Viva ese paro docente, carajo! Por Carlos Fuentealba, y en contra de este estado capitalista que reprime sin parar, y sobre todo con este gobierno de mierda". Tras Que salte la banca, se sumó Panchito Chevez para tocar la armónica en Bautismo. Por iniciativa de José Palazzo, la gente llenó el "pogo carnaval" de polvo de colores, gracias a unos sobres repartidos durante el ingreso. Cosquin Rock es fiesta constante.

Era el momento de una de las primeras grandes atracciones internacionales del festival: el ex The Black Crowes Rich Robinson. El guitarrista y su banda rockearon maravillosamente, ante la atónita mirada de un público quieto que escuchaba desinteresado y parecía no entender lo que el músico norteamericano tenía para ofrecer. Fue así que Robinson, faltando algunas canciones para el cierre, se dirigió al público solicitando que abrieran sus mentes, que comprendieran que su música era diferente, e incluso, en tono humorístico, envió a los aburridos a tirarse al pasto. El público aplaudió sus palabras. Con Nico Bereciartúa como guitarrista plus invitado en su formación, y John Hogg que se cantó todo, Robinson repasó parte de su producción solista y algunos clásicos de su ex banda, como Jelous again.

Fue a las 21 horas cuando se apagaron las luces y un tanguito de Carlos Gardel comenzó a sonar. De repente, Eli Suarez (guitarra y voz) enchufó su guitarra para comenzar con Puño y letra y la gente estalló en fervor durante casi una hora de concierto, en el cual sonaron clásicos de siempre como Gardeliando, Lo que vendrá, Comandante Marcos, Novelas mexicanas y Envuelto en llamas. Una luna amarilla estridente, sobre un fondo azul estrellado, oficiaba de telón desde las pantallas, mientras que unos tangueros inflables muy pintorezcos, decoraban los extremos del escenario.

Una hora después, La 25 irrumpió en escena tras ser presentada por Bebe Contepomi, quien con toda su efusividad incrementó la locura festivalera. La banda de Quilmes tocó Adicción, Quiero 25, Primavera Light, Cruz de sal, 10 mandamientos, La rockera, Mil canciones, Rocanrol hasta el amanecer (con la presencia de Daniel Osvaldo como vocalista invitado) y Hasta la victoria. Completo rocanrol.

Guasones y su madura solidez sonora dieron inicio al show con Como un lobo y Farmacia, ambos de Esclavo (2008). Luego de un puñado de clásicos, llegó el punto sobresaliente del set: la banda platense invitó al músico y productor argentino Coti Sorokin, quien tocó guitarra acústica y cantó en Canción para un amigo, el recientemente estrenado adelanto de Hasta el final, próximo disco guasonero que está co produciendo Sorokin y saldrá a la venta en abril. Seguirían Infierno blanco, Reyes de la noche y Gracias, dedicado por un fervoroso Facundo Soto para todos los presentes que acompañaron el recital.

La trasnoche se acercaba, el campo estaba prácticamente colmado por unas 20 mil personas aproximadamente. Se venía el final de una extensa y agotadora jornada. El escenario principal comenzó a teñirse de color naranja, en clara alusión al nombre de la última producción de b>Ciro y Los Persas, Naranja Persa.

Al centro del escenario, bajando una escalera, se extendía una pasarela que se mezclaba entre el público. En su extremo más lejano, una especie de misterioso iglú, cual domo con forma de capullo, escondía el mismo secreto que en la presentación oficial del disco en Vélez. A la cuenta de “4” del baterista Julián Isod, surgió desde allí el histriónico despliegue de Andrés Ciro Martínez, muy a tono con la puesta escénica (lucía traje negro, zapatillas y camisa naranja, moño y sombrero bombín) entonó Similar.

Luego de Banda de Garage se escuchó el primer estruendo piojoso de la noche: Te diría, coreado a voz en cuello por el público, periodistas y productores allí presentes, en un revival de años adolescentes y juveniles pasados. El centenar de banderas flameantes parecía haber llegado al clímax de la reproducción.

Durante casi dos horas y media de show, el cantante repasó temas de su actual etapa y también comandó las clásicas votaciones para que el público defina qué canciones de Los Piojos escuchar. A pedido, la banda tocó Ando ganas (llora llora), Tan solo y Shup-Shup. Otra de los temas de Los Piojos que sonaron fue Genius (con la intro de El mendigo de Dock Sud, de Moris), en el que Juanse apareció para tocar la guitarra y solear, enfatizando la gran camaradería que se suscitó entre los músicos durante la primera jornada.

Como es habitual en las presentaciones de Ciro y Los Persas, el cierre fue con Noche de hoy y la típica lectura de todas las banderas llegadas de los rincones del país. Como bonus bis, y mientras la marea se retiraba a descansar, Ciro deleitó a la procesión con su versión en armónica del Himno Nacional Argentino. Así finalizaba un día extenso y caluroso, pero en el que los corazones se llenaron de rock.

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