Triste espera

El músico más convocante del país volvió a presentarse en vivo después de un año, una gran multitud lo acompañó, pero el festejo terminó siendo opacado por los trágicos incidentes.

Sábado 11 de marzo / Predio Rural La Colmena - Pasaron 364 días desde aquel último Tandil. Durante ese transcurso se presentó una película, con un Indio auténtico y por vez primera frente a las cámaras, se conoció la noticia de un próximo disco y la seria elaboración de un libro. Entrevistas, declaraciones cruzas con algún sector de la prensa. Hasta un falso documental (Divina TV Indio). Un año "mediático", colmado de apariciones que no es para nada frecuente.

Ante la negativa de Tandil, Olavarría abrió sus puertas a la peregrinación ricotera. Un show cargado de especulaciones, sobre todo enfocadas en si sería la última vez. “A cuidarse y a cuidar a quienes nos rodean”, avisó Solari días previos a la cita. Advertencia que nadie podría imaginar cómo terminaría.

Con un sonido impecable, pasadas las 22 horas, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado saltaron a escena acompañados para varios músicos invitados. “Barba azul vs el amor letal” fue el inesperado punto de partida que nadie había anticipado en las listas “piratas” filtradas desde la web. Una interesante versión con destacados arreglos en teclados.

Porco Rex, Chau mohicano y Arca monster marcaron una trilogía de temas solistas, que volvería a generar gran algarabía en el público con un clásico ricotero como Ropa sucia. Después, nada volvería a ser igual, ni en el escenario; ni en el tsunami de gente que dijo presente.

Antes del inicio se podía notar un clima enrarecido. A las especulaciones se le sumó una llamativa cantidad de pirotecnia que comenzó a estallar mucho antes de que comenzara el espectáculo. Hasta se pudo divisar una incomodad del cantante al ver la cantidad de bengalas flameando entre la multitud.

Todo colapsaría, para la mayoría que no estaba al tanto, después de los primeros cinco temas. Las luces se encendieron y los artistas enfocaron sus miradas hacia un sector del público. Había personas desmayadas que estaban siendo aplastadas, eso fue lo que se logró advertir entre los distintos testimonios. Las dudas se prolongaron hasta que se escuchó decir “es peor parar”.

La larga espera dio señales de que lo programado dio un vuelco, se prefirió seguir con temas más suaves para calmar los ánimos: Héroe del whisky y Etiqueta negra. Pero el Indio ya no era el Indio. Ese rojo furioso que lució al salir en una gorra y una campera, poco a poco fue mutando en un monótono enterizo color jean. Dejó de moverse, de sonreír, hasta de cantar; por momentos relegó esa tarea a sus coristas y a sus seguidores.

Y el público respondió frente a esas muestras: reacciones mesuradas, silencios prolongados. El ritmo del espectáculo tampoco acompañó, ya que no solo se interrumpió en varias ocasiones, sino que también se producía bastante demora entre cada una de las canciones. Recién con la revolución de amor de Había una vez, la masa volvió a vibrar en plenitud.

A mismo ritmo interrumpido aparecieron A la luz de la luna, Capitán Buscapina y Esa estrella era mi lujo. Luego, un “no me quedan ganas de seguir” pronunciado por Solari acentúo una larga agonía de algo que hace tiempo se había empezado a apagar.

Para el final se enfilaron una serie de hitazos que incluyó: Todo preso es político, Flight 956, Todos a los botes, To beef or not to beef, Charro chino, Amok amok; para cerrar con el pogo más esperado (Jijiji), pero enganchado con el sorpresivo Mi perro dinamita. Para el recuerdo la lista de veinticuatro temas (no diecinueve como repiten la mayoría de los medios de comunicación).

Después nos enteraríamos realmente de lo sucedido. Hasta ahí eran avalanchas, empujones, apretujadas, alcohol y drogas. Nada fuera de lo habitual en cada show del Indio y otros tantos recitales de otras bandas. Luego conoceríamos las manchas de sangre derramadas, teñidas del mismo color que las que circulan en los 200 o 300 mil que ahí estaban.

Ahora solo queda una triste espera. Triste espera por recuperar a los que aún quieren vivir. Triste espera por hallar respuestas. Triste espera por la incertidumbre del mañana (o el próximo año). Triste espera por encontrar verdaderos cambios.

Foto: Gentileza Jorge Mamani

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