Cuentas saldadas

El inicio de la histórica edición del festival, no decepcionó: en una jornada bien eclética, en la que el rock estuvo más desplazado que en años anteriores, se destacaron el sorpresivo set del cuestionado León Gieco, los galácticos Glass Animal, los cada vez más locales Cage The Elephant, el demorado debut de Rancid, el exquisito show de The XX y la contundencia de Metallica.

Viernes 31 de marzo / Hipódromo de San Isidro - Este año el Lollapalooza recibió alrededor de 200 mil personas durante el fin de semana, agotando por primera vez las localidades para ambos días. Y se entiende: la apuesta para esta edición fue aún mayor a la de los anteriores, ya que la grilla conto con la participación de dos pesos pesados, Metallica y The Strokes, cada uno como cierre de cada una de las jornadas. Como era de esperarse, fueron motivo suficiente como para colmar cada rincón del predio.

Este año el rock estuvo un poco más desplazado que años anteriores. Si bien la presencia de Metallica aseguraba una gran cuota de metal para el Día 1, el escenario alternativo le dio espacio a artistas como G-Eazy, Tove Lo, Nicolás Cruz y Campo; pero como la diversidad de estilos es la que predomina en el festival, artistas argentinos como Joystick, Huevo y Palo Pandolfo pusieron todo el rock que pudieren a primera hora.

Si bien la jornada inaugural tuvo como plato fuerte al cuarteto de Los Ángeles, la grilla contó con varios artistas de primer nivel en los principales escenarios; mientras que los ecuatorianos de La Máquina Camaleón, los nacionales Deny y el cuarteto Silversun Pickups fueron los encargados de dar por comienzo al Lollapalooza 2017.

La presencia de León Gieco fue uno de los puntos más llamativos al momento de dar a conocer los artistas que integrarían el line up del festival y, pese a las críticas previas sobre su participación, el legendario trovador hizo patria y le puso más rock a la tarde: acompañado por los Infierno 18, reinterpretó viejos clásicos, demostrando que su nombre en el Lollapalooza no era sólo un argentinismo.

Una de las sorpresas fueron los jóvenes ingleses de Glass Animal, quienes acompañados de una extrema energía cuasi adolescente, musicalizaron la tarde con su sonido indie y se dejaron disfrutar no sólo por sus fans, sino también por quienes deseaban relajarse tirados en el pasto antes de que comience la acción. La banda que venía a presentar su nuevo LP How To Be A Human Being, logró el objetivo de conquistar nuevos oídos.

Antes que anochezca, los ya habitué de Cage The Elephant se encargaron de agitar al público generando los primeros pogos. El particular carisma de Matthew Shultz, cantante y líder, encendió el fuego de los presentes y se encargó de enamorar, como suele hacer, a aquellos que los veían por primera vez. Ésta es la tercera vez que la banda de Kentucky visita nuestro país y, como siempre, cumple con lo esperado: un gran show musical, con mucho rock y despliegue por parte de sus miembros. El acierto de CTE, una banda que no defrauda y siempre tiene algo por ofrecer, fue que esta vez presentó Tell Me I'm Pretty (2015), disco que no había mostrado en Argentina.

Para ponerle glamour al festival, The 1975 subió al Main Stage 2 saciando uno de los momentos más esperados de la jornada. La nombrada Mejor banda británica en los Brit Awards hizo bailar a sus fanáticos y, mientras los brillos se apoderaban de gran parte del festival, en el escenario alternativo Vance Joy sumergía a los presentes dentro de un microclima armónico y cautivante. Ambos momentos son un claro ejemplo de lo que se pudo vivir en el hipódromo durante el primer día.

Pues como ya hemos comentado en la edición anterior, una de las características fundamentales del Lollapalooza es la diversidad de estilos musicales y, particularmente este año, la primera jornada del festival llevó esta característica al extremo: no había lugar para mentes cerradas; el rock, el pop y la electrónica pudieron convivir en todos los escenarios sin ningún tipo de recelo o mala onda. Y lo mismo ocurrió en el campo: los cabellos teñidos de colores pastel y las ropas flúor se mezclaban de forma natural con las remeras gastadas y negras de los fans mas metaleros, y con enormes y pronunciadas tachas de los más punkies.

Si bien este festival está muy lejos de lo que pasó en Olavarría, la presión por los hechos ocurridos semanas atrás en el show del Indio Solari hizo que la productora, junto a la municipalidad de San Isidro, tomara medidas preventivas para esta jornada. Entre ellas, la prohibición de ventas de bebidas alcohólicas dentro y en los alrededores del hipódromo. Medida repudiada por el público en general, que ya está acostumbrado a consumir durante el festival.

Antes de que Metallica saliera a dar lo que la gente esperaba, los clásicos Rancid se presentaban por primera vez en los escenarios de nuestro país. Con las cabezas rapadas, unos cuantos kilos de más y varias arrugas, la banda de ska punk pidió perdón por no haber venido antes y trató de dar un recital que cumpliera con las expectativas de sus fans. Y así fue: los músicos repasaron 20 canciones en tan solo una hora y, obviamente, no faltaron sus mayores hits, como Tim Bomb o Ruby Soho. La banda ya había pasado por el Teatro Flores el día anterior como parte de los sideshows del festival brindando un show que no dio lugar a la crítica, y su segunda presentación reafirmó que la espera valió la pena. Antes de bajarse del escenario, dejaron una promesa: "¡Volveremos jodidamente pronto!".

Uno de los grandes momentos de la jornada fue de mano de los ingleses de The XX. El trío mantuvo hipnotizado al público durante más de una hora, brindado un show impecable con un sonido perfecto, limpio y cuidado. Con tan sólo la consola de Jamie XX, y las espectaculares voces de Romy Madley Croft (guitarra) y Oliver Sim (bajo), la banda logró dar un show majestuoso e inolvidable. The XX ya había visitado el país en 2013, pero esta vez llegó con la excusa de presentar de su nuevo disco I see you y demostraron que, a pesar del tiempo, no perdieron su sonido electrónico, oscuro y cargado de sensualidad.

Para final de la noche, el plato fuerte se hizo presente en el Escenario 1. La espera (eterna para muchos) se había terminado: James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo estaban sobre el escenario. Con un sonido impecable, Metallica dio por comenzado el show con Hardwire y Atlas, Rise!, canciones pertenecientes a su nuevo disco Hardwired...to Self-Destruct. Si bien la banda vino a presentar su nuevo disco, ofreció un set variado donde sonaron sus nuevas canciones y varios de sus viejos clásicos. "A Argentina le gusta el heavy", decía Hetfield antes de la seguidilla de clásicos que inició con Sad but True, siguió con Wherever I May Roam, Master of Puppets y finalizó con Seek and destroy.

Durante el set, cada uno de los integrantes tuvo su momento para hacer sus respectivos solos y darle a sus fans lo que querían, pues los cuatro se mostraron muy contentos de estar nuevamente en nuestro país. Pese a las vicisitudes que tuvo la banda en 2001, cuando canceló un show en River por cansancio, en cada una de las visitas posteriores (2010, 2014 y la del pasado fin de semana), Metallica intenta remediar el hecho y muestra un cariño, quizás un poco exagerado, por el público argentino. "Los queremos" o "ustedes son un público increíble" fueron algunas de las cosas que dijeron los músicos antes de bajarse el escenario. Pese a todo, los esperamos pronto para agitar las cabelleras otra vez.

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